Los papeles conservados por María José Zafra, socia promotora de la librería, permiten seguir la actividad de Saltés en Huelva hasta su venta en 1983.
Según publica Huelva Información, el archivo privado de María José Zafra Techera, una de las socias promotoras de la Librería Saltés, reúne permisos del Gobierno Civil, programas de actos, correspondencia y recortes de prensa que permiten reconstruir la actividad del establecimiento de la calle Ciudad de Aracena.
Zafra gestionó la librería durante sus primeros doce años, hasta su venta en 1983. Más que un comercio, Saltés funcionó como un espacio de encuentro y resistencia cultural en la Huelva del tardofranquismo y la Transición.
En una carta fechada el 12 de enero de 1976, Zafra escribió al economista Ramón Tamames que la librería, "aparte de vender libros", quería ejercer un papel cultural. La misiva lo invitaba a participar en un ciclo de conferencias titulado La realidad española a través de la prensa.
«Extraordinariamente necesario contribuir a una toma de conciencia de los ciudadanos del papel activo que deben tomar para lograr una democratización real del país».
Los conferenciantes no cobraban por sus intervenciones. Acudían a Huelva por compromiso con la causa antifranquista y recibían, como mucho, el viaje y una invitación a comer. La propia Zafra reconocía en otra carta que los ingresos de la librería no daban para más.
«Los libros no dan más de sí».
Pese a esa precariedad, por Saltés pasaron sindicalistas y políticos recién salidos de la clandestinidad, como Marcelino Camacho, Martínez Bjorkman y Guillermo Galeote, así como el arquitecto Ricardo Bofill y escritores como Rafael Alberti y Fernando Quiñones. También intervinieron en los ciclos José Aumente Baena, Manuel Campo Vidal y Antonio Burgos.
La programación corría a cargo de un Comité de Actividades Culturales formado por entre dieciséis y veinte estudiantes y profesionales. Las sesiones se sucedían casi cada semana, con presentaciones de libros, recitales de poesía, montajes teatrales, debates y exposiciones de pintura.
Cuando el público superaba el aforo del local, las actividades se trasladaban a otros espacios de la ciudad con la colaboración de la Casa de la Cultura. En 1975, la cantante Julia León actuó en el salón de actos de la Escuela Universitaria del Profesorado, y al año siguiente Elisa Serna llenó el cine Oriente, mientras Carlos Cano ofreció un concierto en el Stella Maris.

