Una alianza de más de treinta entidades políticas, sindicales y sociales ha denunciado la situación insostenible de miles de temporeros en la provincia. Exigen alojamiento de emergencia, empadronamiento inmediato y coordinación institucional.
Los asentamientos de infraviviendas en la provincia de Huelva llevan 26 años sin una solución real. Así lo denuncia una plataforma de más de treinta organizaciones políticas, sindicatos y colectivos ecologistas y sociales, que han lanzado una protesta unánime ante lo que consideran una “insostenible situación” que afecta a cerca de 5.000 trabajadores temporeros.
Estos trabajadores, que sostienen el motor agrícola de la región, viven en chabolas construidas con materiales altamente inflamables como cartón, palés y plásticos, sin acceso a agua potable, electricidad ni saneamiento básico. Los asentamientos se concentran en municipios como Palos de la Frontera, Moguer y Lucena del Puerto, en zonas forestales que además suponen un grave riesgo para la Reserva de la Biosfera de Doñana.
El incendio que lo cambió todo
El detonante de esta nueva movilización ha sido el incendio del pasado 7 de julio en Palos de la Frontera, que calcinó unos 300 asentamientos y dejó a cientos de personas al raso. Las organizaciones denuncian que, tras el fuego, los afectados no han recibido asistencia humanitaria básica y han tenido que dormir sobre las cenizas de sus hogares. Este suceso ha puesto de manifiesto la falta de voluntad política y la descoordinación entre administraciones y el sector empresarial, que han dejado sin impacto real medidas como el Foro Provincial de la Inmigración (activo desde 2014), el Protocolo de Actuación de 2022 o los compromisos del acuerdo de Doñana.
“Estamos ante un problema que se repite cada verano, pero que nunca se aborda de raíz”, señalan desde la plataforma. “Mientras tanto, la gente sigue muriendo en incendios y las administraciones miran hacia otro lado”.
En la provincia de Huelva ya han fallecido cinco trabajadores en incendios de chabolas, una cifra que los colectivos consideran inaceptable y que exige una respuesta inmediata.
Las cinco exigencias de la plataforma
Ante esta situación, la alianza de organizaciones ha presentado un decálogo de peticiones urgentes. La primera es la apertura de un alojamiento de emergencia en Palos de la Frontera para acoger a los trabajadores afectados por el último incendio. También exigen la paralización de los fondos del MITECO destinados a los ayuntamientos que alberguen chabolas, hasta que se garantice su inversión en acondicionar los asentamientos existentes.
Además, reclaman la dotación inmediata de servicios mínimos provisionales: tiendas de campaña, recogida de basuras, tanques de agua potable, servicios sanitarios y módulos de aseo. Otra de las demandas clave es el empadronamiento inmediato de todas las personas temporeras, de acuerdo con la Ley de Bases de Régimen Local, eliminando los bloqueos a quienes viven en chabolas o carecen de techo.
Por último, piden la creación de una mesa de trabajo liderada por la Junta de Andalucía, junto al Gobierno central, los ayuntamientos y los agentes sociales y económicos, para articular albergues provisionales y viviendas dignas.
Denuncias de racismo institucional
Las organizaciones denuncian que ayuntamientos como los de Palos de la Frontera, Moguer y Lucena del Puerto incurren en prácticas que califican de “castigo colectivo”. Entre ellas, la denegación de ayuda humanitaria tras los incendios, las trabas al empadronamiento (que aboca a los migrantes a redes mafiosas de compraventa de padrones) y la acumulación de residuos en las zonas chabolistas, que genera vertederos de materiales inflamables que alimentan los fuegos estivales.
Los colectivos advierten de que, si no se toman medidas urgentes, la situación seguirá repitiéndose cada verano, con el consiguiente riesgo para la vida de los trabajadores y para el entorno natural de Doñana. Mientras tanto, el sector agrícola onubense sigue dependiendo de esta mano de obra invisible que, pese a ser esencial para la economía provincial, carece de las condiciones más básicas.

