La recogida de castaña tardía ya ha empezado en la Sierra de Huelva, adelantada por el calor del verano. La Plataforma Andaluza del Castaño prevé una producción posiblemente menor que en 2025, aunque con mejor calibre.
Según publica huelva24.com, la recogida de castaña tardía ya está en marcha en la comarca de la Sierra de Huelva, una campaña que se ha adelantado por el calor del verano y la falta de lluvias en septiembre. La cosecha del fruto temprano ha sido escasa, y ahora se recolectan las variedades «plantalájar», «comisaria» y «helechal». La campaña terminará a finales de noviembre con la variedad «vázquez».
Desde la Plataforma Andaluza del Castaño (PAC) indican que todavía es pronto para estimar el volumen. La producción podría ser menor que en 2025, aunque el calibre de la castaña es mayor que el de la campaña anterior, que llegó tras un ciclo de sequía. La propia entidad advierte de que no puede ofrecer datos fiables, ya que el clima puede perjudicar aún más la cosecha.
Además de la climatología, la enfermedad de la tinta es la amenaza más grave para la rentabilidad del castañar. Su principal agente causal es la Phytophthora cinnamomi, un parásito invasor que pudre las raíces absorbentes y acaba matando al árbol. El problema se extiende por numerosos castañares de la sierra.
El chancro, causado por el hongo Cryphonectria parasítica, también avanza en el castañar onubense. A ello se suman plagas como el balanino (Curculio elephas) y la carpocapsa (Cydia splendana), cuyos gusanos deterioran el fruto y dificultan su comercialización.
La Plataforma Onubense de Defensa del Castañar alertó en primavera de la presencia en la arboleda de la avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphilus), un insecto originario de China que resulta devastador para la cosecha. Esta entidad prevé que su desarrollo pueda crecer de forma exponencial a partir de 2027, aunque por el momento se controla en varios focos con la suelta de Torymus sinensis.
El castañar onubense ocupa unas 5.000 hectáreas, y la mitad está abandonada o semiabandonada, según indica Francisco Toro, miembro del Consejo de la Cooperativa Castañera Serrana de Galaroza. Galaroza es el municipio con más superficie de castaños de la comarca.
«Esta situación de abandono se debe a la falta de rentabilidad del cultivo por un cúmulo de factores».
Toro explica que las fincas son minifundios, de modo que las familias con una parcela pequeña no pueden vivir solo de este cultivo. Añade que la falta de relevo generacional, los árboles centenarios sin sustituir y la escasa profesionalización también influyen en el abandono.
Para revertir esta situación, Toro apuesta por la unión de agricultores y cooperativas. La cooperativa de Galaroza colabora con la cooperativa «La Esperanza» de Los Marines para comercializar en común y compartir maquinaria y servicios fitosanitarios. La cooperativa de Galaroza es la única instalación transformadora de la Sierra de Huelva, donde limpian, esterilizan y envasan la castaña según su calibre. Ahora atiende la demanda de la península ibérica y envía castaña a granel a Italia. Años atrás, el producto envasado se exportaba al norte de Europa, Italia, Estados Unidos y Brasil, y la cooperativa tiene en proyecto volver a exportar.
Entre los aspectos positivos de la campaña, Toro señala que han disminuido los robos de castañas en el interior de las fincas. Atribuye esta mejora a las campañas de concienciación ciudadana y a los controles de las fuerzas de seguridad, que exigen el Documento de Acompañamiento del Transporte (DAT) a quienes transportan el fruto.

