El municipio serrano, de unos 350 habitantes, conserva casi 300 'llanos' de piedra y una fuente-lavadero de 1908. Octubre es buena época para recorrer su casco histórico y el entorno del Parque Natural.
Con alrededor de 350 habitantes, Linares de la Sierra se presenta como uno de los destinos más tranquilos de la Sierra de Huelva para una escapada de dos días en octubre. El municipio, situado entre Alájar y Aracena, dentro del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, combina casco histórico, senderos y una gastronomía propia, según recoge elconfidencial.com.
El casco urbano está declarado Bien de Interés Cultural como Conjunto Histórico. Las casas se agrupan sobre calles empedradas y el pueblo se adapta al terreno. Ante las puertas de muchas viviendas se extienden los llamados «llanos» o «cuadros», composiciones de piedra que decoran el pavimento de entrada. Se conservan casi 300 y algunos datan de finales del siglo XIX.
La fuente-lavadero, construida en 1908, reúne una fuente de cuatro caños, un abrevadero y un lavadero circular con 18 puestos. Otra parada es la Fuente Vieja, a la que se llega por callejas entre muros de piedra, huertas y cercados. La iglesia parroquial de San Juan Bautista, terminada en 1843, destaca sobre los tejados con su torre y está junto a una plaza de toros abierta e integrada en el núcleo urbano, que también se usa para representaciones teatrales y encuentros sociales.
Para el segundo día, el entorno natural del parque ofrece dehesas, pequeñas elevaciones boscosas y cursos de agua. Caminar por la zona permite entender la relación del paisaje con la ganadería, en especial la cría del cerdo ibérico. Una mañana al aire libre y una tarde tranquila en el pueblo completan el plan.
Entre las preparaciones propias de la localidad figuran el ajo batanero, los tapiales, los vilortos con huevo, el gazpacho de invierno y la sopa de tomate. La historia del municipio incluye una etapa de prosperidad en el siglo XIX asociada a la venta de fruta, cuando superó los mil habitantes, y una pérdida de población posterior por la emigración hacia las minas del Andévalo y las salidas de la década de 1960.
La proximidad entre los principales puntos de interés permite recorrerlos a pie. Octubre aporta el ambiente de una escapada de otoño en la sierra onubense.

