Las tres piezas, de más de 130 años, han recuperado el brillo de sus bordados en hilo de oro tras pasar por el taller de la artesana Dolores Fernández. El presidente de la Diputación, David Toscano, y la delegada de la Fundación Cajasol, Matilde Valdivia, presentaron este viernes el resultado.
Los ropones de terciopelo rojo y el paño azul que han acompañado durante más de un siglo las sesiones plenarias de la Diputación Provincial de Huelva vuelven a lucir con todo su esplendor. Las tres piezas, confeccionadas originalmente hace más de 130 años, han sido sometidas a una meticulosa restauración en el marco de la segunda fase del convenio de colaboración suscrito entre la corporación provincial y la Fundación Cajasol.
El presidente de la Diputación, David Toscano, y la delegada de la Fundación Cajasol en Huelva, Matilde Valdivia, presentaron este viernes los trabajos realizados en el taller de la artesana bordadora Dolores Fernández, quien ha sido la responsable de devolver el brillo a los bordados en hilo de oro de estas piezas históricas.
“Los trajes de maceros y el paño del Salón de Plenos son mucho más que elementos del protocolo. Nos hablan de la historia de esta casa, de cómo la Diputación ha representado a la provincia a lo largo del tiempo y de la importancia de conservar también esos símbolos que forman parte de nuestra identidad”, señaló Toscano durante el acto de presentación.
El presidente provincial agradeció la implicación de la Fundación Cajasol en la salvaguarda del patrimonio histórico de la corporación y felicitó a Dolores Fernández y a su equipo por “un trabajo realizado con enorme profesionalidad, sensibilidad y respeto hacia unas piezas que forman parte del legado de todos los onubenses”.
Por su parte, Matilde Valdivia subrayó el compromiso de la entidad con la protección del patrimonio histórico que comparte con la Diputación de Huelva, puesto que ambas mantienen una vinculación estrecha desde los orígenes de la Fundación Cajasol. A su juicio, salvaguardar ese legado supone rescatar una parte esencial de la memoria provincial y sostener, al mismo tiempo, la actividad de los talleres artesanos especializados en bordado y restauración.
Los dos conjuntos de macero, confeccionados en terciopelo de seda rojo, presentan un elaborado programa ornamental bordado en hilo de oro donde sobresale el escudo provincial situado en el frontal de cada ropón. El tratamiento consistió en la limpieza individualizada de cada elemento, la consolidación de las zonas deterioradas y el traspaso de los bordados originales a un terciopelo nuevo, tejido expresamente con las mismas características que el primitivo, de modo que el diseño, los materiales y las técnicas tradicionales se mantuvieron intactos.
El paño de mesa, confeccionado en terciopelo azul y presidido por el escudo de la provincia bordado en hilos de oro y tisú, acumulaba el desgaste propio del uso continuado. Como el tejido mantenía una calidad notable, la restauración pudo respetar el soporte original mediante una limpieza integral, el refuerzo de los motivos y la reposición de aquellos componentes imprescindibles para asegurar su permanencia.
La dirección técnica incluyó un estudio previo pormenorizado del estado de cada objeto, además de su documentación gráfica y fotográfica, requisito indispensable para que el proceso resultara riguroso con su valor histórico.
Toscano recordó que los enseres se elaboraron cuando la institución provincial, superadas las dificultades económicas de sus primeros años, decidió dotarse de elementos que reforzaran su imagen con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, celebrado en 1892.
La bordadora Dolores Fernández calificó de “un enorme privilegio” trabajar sobre unos objetos de semejante valor artístico. “Sabíamos que teníamos entre manos auténticas obras de arte y parte de la historia de Huelva”, afirmó, y puso en valor la labor del equipo multidisciplinar que firmó la intervención.
Los maceros constituyen una tradición centenaria ligada a las instituciones públicas. En origen eran los funcionarios encargados de abrir paso a las autoridades y de portar las mazas ceremoniales como emblema de la potestad que representaban, aunque su cometido evolucionó con el tiempo hasta convertirse en una figura característica de los actos oficiales, de manera que hoy pertenecen al acervo protocolario de numerosas corporaciones.
La primera etapa del convenio ya había permitido recuperar esas mazas y su mástil, con lo que la colaboración entre la Fundación Cajasol y la Diputación de Huelva alcanza su segundo capítulo sobre un conjunto de bienes que, más allá del protocolo, funcionan como testimonio material de la historia de la provincia.
Los trabajos de restauración han sido realizados en el taller de Dolores Fernández, artesana bordadora de reconocido prestigio, quien ha contado con un equipo multidisciplinar para llevar a cabo una intervención respetuosa con las piezas originales. El resultado podrá contemplarse en el Salón de Plenos de la Diputación, donde el paño azul volverá a presidir las sesiones y los ropones de macero acompañarán los actos oficiales de la corporación.

