El tradicional espectáculo piromusical junto a la Ría congregó a miles de personas en el entorno del Muelle de la Riotinto para poner el broche final a seis días de fiesta.
El entorno del Muelle de la Riotinto se convirtió este lunes en el epicentro de la despedida de las Colombinas. Miles de personas se dieron cita en el paseo marítimo para asistir al tradicional espectáculo piromusical, que un año más iluminó el cielo de la capital y se reflejó en las aguas de la Ría.
Desde bien entrada la tarde, vecinos y visitantes fueron ocupando cada rincón del paseo. Las terrazas de los bares se llenaron pronto, mientras otros optaban por los bancos con vistas privilegiadas y las familias buscaban un hueco desde el que disfrutar del evento. Los más pequeños aprovechaban los últimos momentos de la noche para correr entre la multitud.
Un silbido seguido de un estallido dio inicio al espectáculo, que combinó luz, sonido y emoción durante varios minutos. Las explosiones de colores, sincronizadas con la banda sonora, arrancaron aplausos y ovaciones del público, que seguía con la mirada el ascenso de los cohetes antes de que el cielo se cubriese de destellos.
El espectáculo piromusical se ha convertido en una de las citas más esperadas de las Colombinas. Durante unos minutos, la ciudad se detuvo para compartir un mismo horizonte, con el silencioso muelle de hierro como personaje de fondo y el reflejo de las luces en el agua en calma de la Ría.
Con el último estallido, un prolongado aplauso resonó a lo largo del paseo. Los abrazos sustituyeron al bullicio de la fiesta y comenzaron las despedidas entre quienes habían compartido la última noche de Colombinas. La música dejó paso al sonido de las conversaciones mientras el paseo recuperaba la calma.
Poco a poco, el público emprendió el camino de regreso, con las conversaciones girando en torno a los mejores momentos vividos durante estos seis días. Las luces del recinto seguían brillando a lo lejos, pero la fiesta ya había terminado para muchos. Quedan las fotografías en los teléfonos móviles, las promesas de volver el próximo verano y la sensación compartida de haber puesto el mejor broche posible a unas Colombinas que, una vez más, se despidieron mirando al cielo.

