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El amor propio no es egoísmo: aprender a quererse sin culpa

El amor propio no es egoísmo ni autosuficiencia: la psicología explica que aceptar errores y poner límites sin culpa es la base para cuidarse.

Rocío Bejarano Cortés
Rocío Bejarano Cortés
· 3 min de lectura

El amor propio no consiste en ser perfectos ni autosuficientes, sino en aceptar los errores y poner límites sin sentirse culpable. La psicología aclara que necesitar a los demás es natural y no debilita.

El amor propio se ha colado en conversaciones cotidianas, en redes sociales y en libros de autoayuda. Pero conviene precisar qué es y qué no es. Desde la psicología, quererse no implica ser perfecto ni sentirse bien todos los días, sino aceptarse y tratarse con respeto incluso cuando las cosas van mal, según recoge Huelva Información.

Una persona con amor propio puede sentirse insegura, triste o cansada. La diferencia está en cómo se habla a sí misma cuando falla. No es lo mismo decirse “soy un desastre” que reconocer el error y pensar “me he equivocado, pero eso no define quién soy”. Esa autocrítica desmedida alimenta la inseguridad, la ansiedad y la culpa.

“La exigencia constante es uno de los principales enemigos del amor propio”, señalan desde la psicología.

La presión por hacerlo todo bien, ser productivo y cumplir expectativas ajenas lleva a creer que solo merecemos sentirnos bien cuando alcanzamos ciertos objetivos. Así, el valor personal queda atado al éxito, al aspecto físico, al trabajo o a la opinión de los demás. Cuando no se consigue lo esperado, cualquier fracaso se interpreta como una prueba de que “no somos suficientes”.

Poner límites es otra expresión del amor propio. Decir “no” cuando algo no nos hace bien, expresar lo que necesitamos o alejarse de una relación perjudicial no es egoísmo. Muchas personas evitan hacerlo por miedo a decepcionar o a que las dejen de querer. Detrás de ese temor suele haber una necesidad excesiva de aprobación: “si digo que no, pensarán mal de mí” o “si no ayudo, soy una mala persona”. Con el tiempo, se vive más pendiente de los demás que de las propias necesidades.

El autoconocimiento es clave para cuidarse. Saber qué queremos, qué necesitamos y cuáles son nuestros límites permite no alejarse de la propia forma de ser cuando se siguen expectativas externas. Además, quererse no significa no necesitar a nadie. Pedir ayuda o apoyarse en los seres queridos no debilita; forma parte de la naturaleza humana. El equilibrio está en atender las necesidades propias sin ignorar las de los demás.

Una forma sencilla de empezar es observar cómo nos hablamos. Ese diálogo interno marca la diferencia entre castigarse y tratarse con la misma comprensión que se ofrece a un ser querido.

Rocío Bejarano Cortés

Escrito por

Rocío Bejarano Cortés

Redactora

Firma la actualidad de la capital y la provincia: plenos, tribunales y todo lo que se cuece entre el Odiel y el Tinto. Memoria de elefante para los nombres de cada alcalde y debilidad por las gambas blancas y las Colombinas.