El responsable del Centro Veterinario La Orden, con 25 años de experiencia, alerta sobre los riesgos más comunes en las playas caninas de Huelva y ofrece pautas para un uso responsable.
Las playas caninas de la provincia de Huelva, que suman casi una decena entre Ayamonte, Isla Cristina, Lepe, Punta Umbría, Huelva capital, Mazagón y Matalascañas, se han convertido en un reclamo cada verano para miles de propietarios que quieren disfrutar del litoral con sus mascotas. Sin embargo, el veterinario Jesús Caramés, del Centro Veterinario La Orden, lanza un mensaje claro: muchos dueños confunden el objetivo de estos espacios.
«Desde el punto de vista veterinario, llevar al perro a la playa tiene beneficios. Corren, juegan, se socializan y disfrutan del aire libre», explica Caramés. Pero advierte que la jornada debe planificarse en función del animal. «No se trata de ir con la familia a la playa y dejar al perro todo el día debajo de la sombrilla mientras nosotros comemos o hacemos nuestra vida. Si lo llevo, es porque estoy con él, lo paseo y lo atiendo en ese tiempo», señala.
El perro, protagonista de la visita
Para Caramés, la clave está en invertir la perspectiva habitual. «Lo importante es que nosotros acompañemos al animal, no que él nos acompañe a nosotros». Solo así, afirma, la visita se convierte en una actividad pensada realmente para el bienestar del perro. El veterinario, con 25 años de experiencia atendiendo mascotas en la provincia, insiste en que muchos propietarios parten de una idea equivocada al acudir a estos arenales.
Las playas caninas de Huelva han crecido en los últimos años para responder a una demanda cada vez mayor de vecinos y visitantes. Pero este incremento de afluencia también ha traído consigo un aumento de las urgencias veterinarias relacionadas con el mal uso de estos espacios. «Los lunes es muy frecuente que lleguen animales que han estado el domingo en la playa», comenta Caramés.
Golpe de calor, el principal enemigo
Entre todos los riesgos que puede encontrar un perro en la playa, Caramés sitúa el calor por encima del resto. Advierte de que algunas razas, especialmente los perros braquicéfalos como bulldogs, bóxer o carlinos, tienen una mayor dificultad para regular la temperatura corporal. «Si los sometemos a temperaturas elevadas pueden llegar incluso al colapso respiratorio», alerta.
El golpe de calor, añade, suele comenzar con síntomas poco llamativos. «El animal entra en una especie de letargo, puede tener comportamientos extraños y sufrir alteraciones neurológicas que, en algunos casos, son irreversibles». Si la situación se agrava, «puede provocar incluso el coma o la muerte», por lo que considera que «es uno de los riesgos más importantes que pueden sufrir los animales en la playa».
Agua de mar, anzuelos y peces en mal estado
El calor no es el único peligro. Según explica Caramés, muchos perros terminan bebiendo agua de mar mientras juegan. «Empiezan dando pequeños lametones y acaban tragando bastante cantidad», lo que puede derivar en vómitos, diarreas o incluso intoxicaciones por el exceso de sal. La orilla también esconde numerosos riesgos: anzuelos, espinas de pescado, basura o peces muertos atraen a los animales.
«Los pescados en mal estado les atraen muchísimo. Algunos se los comen y otros incluso se revuelcan sobre ellos, con el riesgo de infecciones e intoxicaciones», detalla. Tras el baño recomienda secar bien las orejas para evitar otitis y recuerda que algunos perros pueden verse sorprendidos por las corrientes cuando nadan mar adentro, por lo que conviene vigilarlos con atención.
Entre las urgencias más habituales que atiende cada verano cita la ingestión de anzuelos, las alteraciones gastrointestinales, las impactaciones intestinales por arena o las intoxicaciones por comer peces en mal estado. «La mayoría podrían evitarse simplemente estando más pendientes del perro durante la visita», señala.
Cómo disfrutar de una playa canina con seguridad
Para Caramés, la prevención empieza antes incluso de llegar a la arena. Recomienda acudir a primera hora de la mañana o al atardecer, evitar las horas centrales del día y llevar siempre abundante agua dulce para impedir que el perro beba agua del mar. Después del baño aconseja aclarar el pelaje para eliminar la sal y la arena, secar cuidadosamente las orejas y mantener al día las vacunas y desparasitaciones.
También recomienda que el animal coma antes de salir de casa o una vez finalizada la jornada, salvo que vaya a permanecer muchas horas en la playa. Durante toda la estancia, el propietario debe vigilar constantemente a su mascota para evitar conflictos con otros perros o que rebusque entre los restos que deja la marea. «No solo hay que llevar sombrilla para nosotros; ellos también necesitan su propia sombra», subraya.
Además, pide extremar las precauciones con los cachorros, «porque tienen menos experiencia y son mucho más dados a hacer trastadas», así como con los perros de edad avanzada o aquellos que padecen alguna enfermedad, especialmente respiratoria. Con estos consejos, los dueños onubenses pueden convertir la visita a la playa canina en una experiencia segura y agradable para todos.

