La ruta que une Fuenteheridos, Galaroza y Castaño del Robledo, de unos seis kilómetros por tramo, recorre castaños centenarios y troncos con placas de madera dedicadas a personajes de cuentos. El otoño tiñe el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche de amarillos, naranjas y marrones.
Con la llegada del otoño, el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche cambia de color y se convierte en uno de los destinos de senderismo más concurridos de la provincia de Huelva. Entre los municipios de Fuenteheridos, Galaroza y Castaño del Robledo discurre una ruta conocida popularmente como el Bosque Encantado, un trayecto sencillo de unos seis kilómetros por tramo que avanza casi siempre bajo la sombra de alcornoques, pinos y castaños que llevan décadas, y en algunos casos siglos, en pie, según recoge abc.es.
El punto de partida más habitual es Fuenteheridos. Desde allí se toma la calleja del Valle para enlazar con el camino antiguo que baja hacia Galaroza. El recorrido es casi todo cuesta abajo, lo que explica que sea frecuentado por senderistas y familias con niños. El suelo aparece cubierto de hojas secas, bellotas y castañas, y no es raro cruzarse con caballos, ovejas o cerdos ibéricos pastando.
El detalle que da nombre al paraje aparece a mitad de camino. En los troncos de varios árboles cuelgan pequeñas placas de madera con nombres y guiños a historias clásicas, desde los cuentos de los hermanos Grimm o de Calleja hasta las páginas de Harry Potter. La idea de señalizar así el trayecto fue de Rodolfo Recio, del Museo del Léxico de Fuenteheridos, con el objetivo de darle un toque distinto al paseo y arrancar una sonrisa a quien pasa. Uno de los rincones más conocidos es el claro de los gnomos, una zona que, según Recio, evocaba la estética de los cuentos de hadas y de seres mitológicos.
Al iniciar el descenso hacia Galaroza el camino se estrecha. En este tramo se pasa junto a los restos de la antigua Casa Monteblanco, una construcción que se utilizaba como lagar para pisar la uva y hacer vino. Unos metros más abajo, junto a la fuente del mismo nombre, se conserva una pequeña represa rodeada de vegetación. El paisaje cambia al cruzar un pinar frondoso que da paso a la fuente de las Cañas. Desde ahí ya se ven las primeras casas de Galaroza, cuyo casco urbano invita a pasear por sus calles blancas, cruzar el barrio de la Farruca y escuchar el agua del río Múrtigas y del arroyo del Alamillo.
La ruta puede continuar hasta Castaño del Robledo siguiendo la Ribera de Jabugo, un sendero que discurre entre helechos y castaños de gran tamaño pegados al cauce. La llegada a este municipio, cuyo casco histórico está protegido como Bien de Interés Cultural, permite hacer una parada para comer y probar el embutido de la zona. Para regresar al punto de partida existe la opción del camino del Rodeo al Cerro del Castaño, aunque muchos grupos optan por dejar un coche en el pueblo de llegada y otro en el de salida para evitar repetir el recorrido a pie.
No se necesita preparación especial. Basta con calzado cómodo para no resbalar en las zonas húmedas, algo de abrigo si refresca a primera hora y agua. Con eso es suficiente para disfrutar de uno de los parajes más tranquilos que pueden visitarse ahora en la Sierra de Huelva.

