Un estudio con participación de la Universidad de Huelva logra multiplicar hasta por 26 la cantidad de carotenoides aprovechables de la microalga Chlorella sorokiniana mediante tratamientos físicos.
Investigadores de la Universidad de Huelva y de la Universidad de Sevilla han conseguido aumentar de forma notable la cantidad de carotenoides que el organismo puede aprovechar de la microalga Chlorella sorokiniana. En algunos casos, la mejora llega a multiplicar por 26 la disponibilidad de estos compuestos durante la digestión en comparación con el microorganismo sin tratar, según publica Huelva Información.
El proyecto, financiado por la Consejería de Universidad, Industria, Energía e Innovación, ha aplicado dos tratamientos físicos para romper o debilitar la resistente pared celular de la microalga, que dificulta la liberación de sus nutrientes. El primero es el molino de bolas, que fragmenta las células por impactos, y el segundo emplea ultrasonidos de alta frecuencia.
Los carotenoides son pigmentos naturales presentes en frutas y verduras rojas, naranjas y amarillas, como el tomate o la zanahoria, y en vegetales de hoja verde. Algunos, como el betacaroteno, se transforman en vitamina A en el organismo, mientras que otros, como la luteína, se asocian a la salud ocular. Las microalgas son una fuente sostenible de estos compuestos, pero su pared celular limita su absorción.
El estudio, titulado Effect of ultrasounds and ball milling on the bioaccessibility of carotenoids from the microalga Chlorella sorokiniana y publicado en la revista Food Chemistry, comparó biomasa fresca, liofilizada y encapsulada en esferas de alginato. También analizó una variedad salvaje de la especie y otra enriquecida en fitoeno, un carotenoide incoloro con propiedades antioxidantes y fotoprotectoras.
Para medir la mejora, las muestras se sometieron a una digestión gastrointestinal simulada en laboratorio, reproduciendo las condiciones de la boca, el estómago y el intestino con saliva artificial, enzimas digestivas, sales biliares y cambios de acidez y temperatura. Después se analizó la cantidad de carotenoides incorporada a las micelas, las microestructuras que el organismo genera para transportar grasas, y así se determinó qué proporción quedaba realmente disponible.
Los resultados confirman que las técnicas de procesado incrementan la bioaccesibilidad de los carotenoides, con el molino de bolas como una de las estrategias más eficaces. El avance abre la puerta a emplear estos microorganismos en alimentos funcionales, complementos nutricionales y productos cosméticos.

