El dermatólogo Antonio Pereira, recién incorporado al Hospital Quirónsalud Huelva, advierte de que el daño solar se acumula aunque no haya quemaduras visibles y recomienda revisar la piel al final del verano.
El Hospital Quirónsalud Huelva ha lanzado un aviso a la población onubense: la piel acumula el daño de la radiación ultravioleta a lo largo de toda la vida, incluso cuando no se han sufrido quemaduras visibles. Así lo explica el dermatólogo Antonio Pereira González, recién incorporado al Servicio de Dermatología del centro hospitalario, en declaraciones difundidas por Huelva Hoy.
Según el especialista, el final del verano es un buen momento para revisar el estado de la piel y detectar cambios que hayan podido pasar inadvertidos durante los meses de mayor exposición solar. La aparición de manchas nuevas, variaciones en los lunares, heridas que no curan o zonas ásperas y descamativas son señales que deben motivar una consulta con un dermatólogo.
«Las exposiciones que recibimos pueden producir daños en el ADN de las células cutáneas y aumentar el riesgo de desarrollar lesiones precancerosas y cáncer de piel», señala el doctor Pereira.
El dermatólogo insiste en que no haber sufrido una quemadura visible no significa que la piel no haya sufrido daño. La exposición repetida al sol favorece el fotoenvejecimiento, con aparición de arrugas, manchas y pérdida de elasticidad, además de incrementar el riesgo de lesiones precancerosas y cáncer de piel.
Una de las principales recomendaciones es la autoexploración sistemática delante de un espejo, aproximadamente una vez al mes, especialmente en personas con numerosos lunares o factores de riesgo. La revisión debe incluir zonas a las que se presta menos atención, como el cuero cabelludo, la espalda, las plantas de los pies, los espacios entre los dedos o la parte posterior de las orejas.
Entre las señales de alarma, el especialista menciona los lunares que crecen o cambian de forma o color, las lesiones con varios colores y el denominado «signo del patito feo», una lesión claramente distinta del resto. También deben valorarse las heridas que no curan, las costras persistentes, las lesiones que sangran repetidamente o las zonas ásperas que no desaparecen.
Como herramienta para la autoexploración, el doctor Pereira recuerda la regla ABCDE: asimetría, bordes irregulares, varios colores, diámetro superior a seis milímetros y evolución. Esta última es especialmente relevante, ya que cualquier lesión que cambie debe ser revisada. Además, existen melanomas de menos de seis milímetros, por lo que el tamaño no debe valorarse de forma aislada.
Las personas con muchos lunares o lunares atípicos, antecedentes personales o familiares de melanoma o cáncer de piel, piel y ojos claros, quemaduras solares importantes o elevada exposición solar acumulada presentan mayor riesgo. También requieren vigilancia especial las personas inmunosuprimidas y las que han usado cabinas de bronceado.
La detección precoz es determinante: cuando un cáncer de piel se diagnostica en fases iniciales, el tratamiento suele ser más sencillo y con mayores posibilidades de curación. En el caso del melanoma, el pronóstico está relacionado con el estadio y la profundidad del tumor en el momento del diagnóstico.
La prevención no debe terminar con el verano. El especialista insiste en mantener la fotoprotección todo el año, evitar las quemaduras solares y las cabinas de bronceado, buscar la sombra, evitar las horas de mayor radiación, usar ropa adecuada, sombrero y gafas de sol, y consultar el índice ultravioleta.
«Disfrutar del sol y proteger nuestra piel son perfectamente compatibles», concluye el doctor Pereira.

