Juan Antonio Hipólito Domínguez reivindica en redes el artilugio que Salvador construyó hace seis años con piezas de desecho para que su perra Carla volviera a caminar tras un accidente.
El periodista de Nerva Juan Antonio Hipólito Domínguez ha publicado en redes sociales un mensaje en el que pone en valor el ingenio de un vecino de su municipio, Salvador, que hace seis años fabricó con sus propias manos y piezas de desecho un artilugio para que su perra Carla pudiera desplazarse después de sufrir un accidente que le dejó inutilizadas las patas traseras, según recoge Huelva Hoy.
El texto enlaza con la historia viral de Bunny, un cachorro con las patas traseras inutilizadas al que ingenieros y diseñadores de Mercedes-Benz han creado una silla de ruedas personalizada. El periodista nervense señala que la marca automovilística ha puesto «conocimiento, tecnología, diseño y recursos al servicio de una buena causa», y añade que eso «merece ser contado y reconocido».
«Mercedes-Benz acaba de descubrir algo que en mi pueblo ya sabíamos hace seis años. Que cuando un perrito no puede caminar, siempre hay alguien dispuesto a ingeniárselas para conseguir que vuelva a hacerlo»
Hipólito Domínguez explica que, al leer la noticia internacional, recordó el caso de su paisano. Salvador no contaba con un equipo de ingenieros de una multinacional, ni con grandes presupuestos, ni con tecnología puntera. Tenía, según sus palabras, «sus propias manos, imaginación, capacidad para buscar soluciones y, sobre todo, muchísimo cariño por su perrita».
El relato detalla que Salvador diseñó y construyó él mismo un artilugio que permitió a Carla volver a desplazarse, aprovechando piezas de desecho de otros objetos. «Para él, podían servir para algo muy importante: devolverle movilidad a un animal que quería como a uno más de su familia», apunta el periodista.
«La marca de coches de alta gama lo ha hecho ahora con Bunny. En mi pueblo, Salvador lo hizo seis años antes»
El comunicador concluye su mensaje subrayando que la innovación no pertenece en exclusiva a las grandes empresas y que, en ocasiones, consiste en «mirar un problema, querer solucionarlo y no rendirse hasta encontrar la manera». «Algunas simplemente tienen cuatro patitas», remata en alusión a las grandes historias de innovación que no llevan una estrella de tres puntas en el capó.

