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Un vigilante de Isla Cristina oye voces en una vieja conservera en obras

Un vigilante de Isla Cristina dice haber oído cantos de mujeres durante la noche en una antigua conservera cerrada. Un grupo de investigadores registró una caída de temperatura y un audio en la obra.

Rocío Bejarano Cortés
Rocío Bejarano Cortés
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Un vigilante de seguridad afirma haber oído cantos de mujeres durante la noche en una antigua fábrica conservera de Isla Cristina que lleva décadas cerrada. Un grupo de investigadores entró en la obra a finales de febrero.

Según recoge ABC, Antonio Domínguez, vigilante de seguridad con veintidós años de experiencia, vigila por las noches una antigua fábrica conservera de Isla Cristina que está en obras. Asegura que, desde el invierno pasado, escucha voces en el interior del edificio.

El turno de Domínguez va de diez de la noche a seis de la mañana y se desarrolla en una caseta con termo de café y radio. Según su relato, las voces empezaron en la tercera noche.

«A la tercera noche empecé a oír cantar».

Describe varias voces de mujeres, similares a las de un grupo que canta mientras trabaja. Al principio pensó que procedían de una casa cercana o de un bar, pero al salir con la linterna y rodear la nave comprobó que el barrio estaba en silencio.

La fábrica, una de las muchas que dieron vida a la localidad durante el siglo pasado, lleva décadas cerrada. La industria conservera y salazonera fue durante años una de las principales fuentes de empleo de Isla Cristina, con una mano de obra mayoritariamente femenina.

Domínguez apunta que, desde la primera semana, notó también un olor intenso a pescado en salmuera, aunque en la nave solo hay escombros, andamios y sacos de cemento. Las voces se repitieron varias noches más, siempre entre las dos y las cuatro de la madrugada, y duraban entre uno y dos minutos. En una ocasión grabó con el móvil un audio de muy baja calidad, en el que no se entiende ninguna palabra.

Marisa López, vecina de Isla Cristina de 61 años, escuchó el relato a través de un compañero del vigilante. Su madre trabajó en una conservera de la localidad desde los catorce años hasta casi los cuarenta. Según recuerda, en la fábrica se cantaba mucho para aguantar la jornada. Añade que su madre hablaba de una compañera que murió joven por una infección en la mano, aunque no sabe si trabajó en la nave concreta.

A finales de febrero, un grupo de cuatro investigadores entró en la obra con el permiso de la constructora, que ha pedido no aparecer en el reportaje. El investigador José Luis García advirtió al vigilante de que, en la mayoría de las visitas, no ocurre nada.

Esa noche, a las 02:55, la cámara térmica instalada en la antigua sala de envasado registró una bajada de casi cuatro grados en un área de metro y medio, junto a un muro original de ladrillo. El descenso duró unos noventa segundos y se recuperó solo. García atribuye ese cambio a una posible corriente de aire, aunque señala que las zonas contiguas, igual de abiertas, no variaron.

Más llamativo fue el contenido de una grabadora. El equipo aisló un fragmento de unos diez segundos con varias voces femeninas superpuestas, sin palabras claras, que parece un estribillo repetido dos veces. Casi al final, una voz más cercana dice una frase que tres de los cuatro investigadores transcriben igual:

«Ya viene el barco».

El también investigador Rafael de Alba prefiere no etiquetar el registro: «Tenemos un audio que no sabemos explicar, en un sitio donde un testigo que no tiene nada que ver con nosotros ha oído algo parecido durante semanas».

Antes de dar el registro por válido, el grupo revisó si alguna emisora local pudo colarse en las grabadoras y si en las viviendas cercanas había alguien despierto con la televisión o la radio encendidas. Preguntó además a dos vecinos de la calle trasera.

Rocío Bejarano Cortés

Escrito por

Rocío Bejarano Cortés

Redactora

Firma la actualidad de la capital y la provincia: plenos, tribunales y todo lo que se cuece entre el Odiel y el Tinto. Memoria de elefante para los nombres de cada alcalde y debilidad por las gambas blancas y las Colombinas.