La expedición que llegó a América el 12 de octubre de 1492 partió del puerto de Palos de la Frontera con unos 90 tripulantes y víveres para un año. Las Capitulaciones de Santa Fe fijaron el reparto de ganancias entre la Corona y Colón.
El 3 de agosto de 1492, la flota comandada por Cristóbal Colón zarpó del puerto de Palos de la Frontera (Huelva) con la nave Santa María y las carabelas Pinta y Niña. A bordo viajaban alrededor de 90 tripulantes y una carga de víveres calculada para casi un año, según recoge infobae.com.
La financiación del proyecto combinó aportaciones públicas y privadas. El escribano de ración Luis de Santángel adelantó a la Corona 1.140.000 maravedíes, mientras que Colón reunió otra parte mediante préstamos de socios y comerciantes andaluces. Las Capitulaciones de Santa Fe, firmadas el 17 de abril de 1492 por los Reyes Católicos, establecieron que el navegante recibiría la décima parte de las mercaderías obtenidas y podría aportar un octavo de los gastos a cambio de igual proporción de las ganancias.
Los barcos no salieron de un astillero real. Dos carabelas fueron cedidas por la villa onubense en cumplimiento de una Real Provisión que le imponía esa carga como sanción previa. La tripulación se reclutó en buena medida entre marinos de la zona con el apoyo de las familias Pinzón y Niño.
Las bodegas se cargaron con alimentos de larga conservación: bizcocho de trigo, vino, vinagre, legumbres, queso y carnes y pescados en salmuera. El agua dulce viajaba en toneles de madera y perdía calidad con las semanas, lo que limitaba la autonomía de la travesía.
Tras una parada técnica en Canarias, donde se reparó el timón de la Pinta y se completó la carga de agua, leña y carne, la flota dejó La Gomera el 6 de septiembre. Necesitó 36 días de mar abierto para avistar tierra en la madrugada del 12 de octubre. En total, el trayecto desde la península insumió 70 días.
La orientación dependía de la brújula, del cuadrante para medir la altura de los astros y de la navegación por estima, que calculaba la posición combinando rumbo, velocidad y tiempo. Para controlar ese tiempo se usaban ampolletas de arena de media hora, que un grumete debía girar sin interrupción durante toda la guardia.
El diario de a bordo deja un dato llamativo: el almirante llevaba dos cuentas de distancia, una real y otra menor que comunicaba a la tripulación. En una jornada de fines de septiembre registró 24 leguas navegadas, pero informó solo 20 a sus hombres.
La nave capitana no regresó. La noche del 25 de diciembre de 1492 encalló frente a la costa norte de La Española. Su madera se reutilizó para levantar el fuerte de La Navidad, donde quedaron 39 hombres a la espera de una nueva expedición.
El retorno se hizo con las dos carabelas. La Niña, con el almirante a bordo, recaló en Lisboa a comienzos de marzo y llegó a destino el 15 de marzo de 1493, más de siete meses después de la partida. La noticia del hallazgo circuló por Europa a través de una carta dirigida a Santángel, impresa ese mismo año.
La segunda expedición partió de Cádiz en septiembre de 1493 con 17 naves y alrededor de 1.200 personas, además de semillas, herramientas y animales. Ese movimiento inauguró un flujo regular de cargas a través del Atlántico.

