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Moguer conmemora el centenario de la campana «Gorda» de Santa María de la Granada

La parroquia de Santa María de la Granada conmemora el centenario de la refundición de su campana mayor, un proceso que movilizó a todo Moguer en 1926.

Elena Prieto Coronel
Elena Prieto Coronel
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La parroquia de Santa María de la Granada recuerda la refundición de su campana mayor en 1926, un proceso que movilizó a todo el pueblo y que quedó documentado en el Archivo Diocesano de Huelva.

La campana mayor de la parroquia de Santa María de la Granada, en Moguer, cumple cien años desde su refundición. Conocida popularmente como la «Gorda», se quebró y hubo que rehacerla en 1926. El proceso, que implicó a los vecinos y quedó registrado en el Archivo Diocesano de Huelva, es ahora el eje de la conmemoración que promueve la propia parroquia, según publica diocesisdehuelva.es.

La campana original lucía una inscripción en su bronce: «Jesús María de la Granada me llamo, ciento cincuenta quintales peso, el que no se lo crea, que me coja en peso, me dé una vuelta por la plaza y luego me suba a mi casa». Su peso, unos 150 quintales (cerca de 6.900 kilos), la convierte en una de las mayores de la diócesis. Su sonido marcaba repiques solemnes, funerales por el Papa, el Rey o el clero, y también alertaba de peligros como los fuegos en los montes. El Nobel moguereño Juan Ramón Jiménez la inmortalizó en el capítulo LXVI de Platero y yo, «Fuego en los montes», cuando su tañido avisa de un incendio en los campos cercanos a Lucena del Puerto.

Para fundir la nueva campana se desplazó hasta Moguer un artesano valenciano, que instaló su taller en el Patio de los Olivos de la parroquia. La vieja campana fue descolgada desde casi 30 metros de altura y se dejó caer sobre un colchón de cargas de copas de pinos que los leñadores locales apilaron bajo la torre. El golpe dañó algunos balcones y la campana quedó clavada en el suelo; se dice que la torre perdió levemente su verticalidad.

Los moguereños siguieron de cerca la fundición. El fundidor, un hombre delgado, de barba cana y siempre con boina, recibió de algunos vecinos monedas de oro y plata para arrojar al crisol, convencidos de que así el metal sonaría mejor. La campana se costeó por suscripción popular ante la falta de fondos de la parroquia.

El 22 de septiembre de 1926, el párroco y arcipreste José Domínguez Pabón solicitó al Cardenal Arzobispo de Sevilla permiso para bendecir la nueva campana. La respuesta, mecanografiada, lleva fecha del 28 de septiembre de 1926: «Como se pide», con la firma manuscrita del prelado, que entonces era Eustaquio Ilundáin y Esteban. El permiso era necesario porque, según el Ritual Romano, las campanas se bautizan o consagran con una oración específica que debe realizar el obispo o un sacerdote delegado. La bendición se habría celebrado a principios de octubre de 1926, antes de subirla al campanario.

Para izar la campana se colocaron carruchas y cuerdas, pero su peso obligó a traer refuerzos desde el Puerto de Moguer. La campana, ya bendecida, volvió a ocupar su lugar en la torre, donde sigue dando los toques del reloj y marcando la vida de la localidad.

Elena Prieto Coronel

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Elena Prieto Coronel

Redactora

Le pone estilo a Huelva: firma cultura, turismo y tendencias, del Rocío a las playas de Punta Umbría. Guía frustrada de la Sierra de Aracena y fan del vermú en la plaza a última hora.